sábado, 3 de abril de 2010

IMAGENES VIII



Naturaleza, necesidades básicas, cierto orden y buen ritmo a la sucesión de los días entre el bosque y el mar.
Ellos no se imaginaban el valor y la importancia que había sido encontrarlos en el camino.

domingo, 28 de marzo de 2010

Imagenes VII


Construye su barco sobre la playa
y un día con la marea alta se echa a la mar
y no vuelve más

Provervio ZEN


“Nacer y morir son sucesos graves
¡Cuán breve es la vida!
Hay que aprovechar cada minuto
El tiempo no espera a nadie.”

-escrito sobre una tabla en la puerta principal de un Zendo en China.

jueves, 21 de enero de 2010

IMAGENES VI















Bajo los árboles y de entre los pájaros una mariposa baja en tirabuzón hasta el cauce del arroyo y se detiene sobre la hoja de un cardo al borde del agua. Quieta. ¿Cuánto tiempo podrá estar así y por cuánto tiempo yo podré estar frente a ella, inmóvil, leyendo y observando? ¿Quién de los dos se moverá primero y antes desconcentrará su tarea. Por qué no levanta vuelo para que pueda ver con mis largavistas sus alas coloreadas en su máximo brillo?


Casi sin poder volver sobre mí, tomo un coquito de eucalipto y se lo arrojo. Fallo. Pasó cerca. Tomo otro y se lo vuelvo a arrojar y vuelvo a fallar como falla la carcajada y vuelvo a intentarlo 70 veces hasta que repentinamente me descubro acosándola y fallando sobre su paz y silencio, dando una y otra vez en mi cuerpo-blanco, y en mi intento de buscarme me desconcentro. De un segundo para el otro soy un moscardón más! La mariposa ni enterada.




Me doy por vencido, acepto mi inferioridad e intento olvidarla, vuelvo a encontrarme bien deambulando entre los gallos y el silencio de las sombras, las luces en vaivén entre las ramas de los árboles.






LUCES Y SOMBRAS



Me atoro con parlanchines
y me atraganto con palabras
y pensamientos kun-fun-didos
por entre las vías respiratorias y excretoras
en loop constante entre mi boca, los ojos y el ano

(sin saber qué hacer con mi ego)

Me aturdo con las voces forzadas
y la risa constante me satura
tan fácilmente el revoloteo social y ajeno

Me aparto e intento llamarme al silencio
de estar a la media sombra.

miércoles, 20 de enero de 2010

ALTOS EUCALIPTOS


La mejor y más triste melodía surgió hace un año atrás en los pasillos del hospital de Clínicas, en el desván de la escalera del 10° piso, desde mis labios por entre la armónica hasta los oídos del maestro Becher sentado en su silla de ruedas, creyendo que no se iba a levantar jamás –recordó el joven acampante a la par que soplaba su armónica entre los árboles, a la noche y a los perros aullando confundidos por lo desconocido del sonido en sus oídos. Bara ba pa pá, Bara ba pa pá, Bara ba pa pá, Pa pá, preparaba la melodía y la desgranaba, iba y venía, subía y bajaba con un grado tal de lentitud y melancolía, al tempo del fin de los tiempos. Pero pasó y el tempo también se fluidificó y aceleró a la vez por entre las venas del maestro, y alegre una tarde volvió sobre su ánimo, sobre sus pies y sobre sus historias, y esta melodía triste y falsamente premonitoria quedó atrás en el recuerdo, como una falsa alarma junto con las fantasías de un próximo final.